
Oye, burguesa socialista, me gusta tu pelo; lo toco y huelo en secreto cuando te distraes. Oye, burguesa socialista, me gusta como hablas; me gustan tus eses y tus ches golpeadas cuando me dices que no me cachas. Y me hago aguita si te ries, si se te olvidan esos viejos feos que no te dejan hablarme sin recelo. Te vuelves a reir y yo soy de aguita otra vez; porque te pierdes en el asiento trasero de mi Lada Samara con una mamadera de piscola con más pisco que coca entre las piernas. Entonces maldecimos a esos viejos feos por feos y culiaos, sólo que tú, burguesa socialista, tienes más miedo que yo.
Mira el reloj... tira las botellas vacías por la ventana que yo te voy a manosear un ratito en el asiento trasero de mi Lada colorado. Porque contigo se me quita lo fea, lo corriente... aun sea yo como todas y todas se parezcan a mi; todas las borrachas, todas las sin nombre, todas las vulgares, las más putas, las indecentes y todas las que pasan por el asiento trasero de mi Lada Samara.

